Tributar para reconstruir: El Derecho Tributario frente a una Venezuela que necesita respuestas

Santamaría cerrada en el contexto de la reconstrucción de Venezuela

Un terremoto no solamente sacude la tierra.

Un terremoto no solamente sacude la tierra.. También sacude nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestras certezas y nuestra manera de mirar la realidad.

Los acontecimientos sísmicos del 24 de junio de 2026 dejaron a Venezuela frente a una tragedia cuyas consecuencias van mucho más allá de los daños visibles. La pérdida de vidas, viviendas, establecimientos comerciales, infraestructura y fuentes de ingresos ha obligado a todos los sectores de la sociedad a formular preguntas y buscar respuestas.

Cada profesión encuentra en una tragedia un espacio para reflexionar.

Los médicos, desde la atención y la emergencia; los ingenieros, desde la seguridad de las estructuras; los arquitectos, desde la reconstrucción; los especialistas en salud mental, desde las consecuencias humanas; los comunicadores, desde la información y el acompañamiento.

Como abogada tributarista, mi reflexión nace desde otro lugar: ¿qué puede y qué debe hacer el Derecho Tributario frente a una sociedad cuya realidad económica ha cambiado como consecuencia de una tragedia?

Porque detrás de cada contribuyente existe una persona.

Una familia.

Un comerciante.

Un trabajador.

Una empresa.

Y cualquiera de ellos puede haber perdido, en cuestión de segundos, aquello que durante años le permitió generar ingresos y cumplir con sus obligaciones.

¿Qué herramientas existen?

El Decreto N.º 5.364, publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria N.º 7.039, declaró el estado de emergencia en todo el territorio nacional y estableció un marco para movilizar recursos frente a los efectos de los eventos sísmicos.

Esto significa que Venezuela ya cuenta con un marco jurídico de emergencia.

Por ello, la discusión no debería comenzar necesariamente preguntándonos qué nueva norma debemos crear.

Deberíamos comenzar preguntándonos algo más elemental:

¿Qué herramientas existen? ¿Cuáles han sido activadas? ¿A quiénes alcanzan? ¿Cómo se accede a ellas? ¿Y dónde puede un ciudadano conocer información oficial, clara y verificable sobre su aplicación?

Porque una norma que existe, pero que el ciudadano desconoce, difícilmente puede alcanzar plenamente su finalidad social.

Los tributos también tienen una dimensión humana

Solemos pensar en los tributos desde la obligación: declarar, pagar, cumplir.

Pero detrás de cada obligación tributaria existe una realidad económica.

Y esa realidad puede desaparecer o transformarse después de una catástrofe.

Una persona que perdió su vivienda, su negocio, sus inventarios o su fuente de ingresos no se encuentra económicamente en la misma situación que antes del terremoto.

Aquí cobra especial importancia el principio de capacidad contributiva.

No se trata de dejar de tributar.

Se trata de preguntarnos cómo debe responder el sistema tributario cuando la capacidad económica de quien debe contribuir ha sido profundamente alterada por una circunstancia extraordinaria.

La respuesta puede encontrarse en instrumentos como prórrogas, facilidades de pago, fraccionamientos, mecanismos de alivio y estímulos fiscales, siempre dentro del marco de las competencias y los procedimientos establecidos por la ley.

Pero existe otra posibilidad mucho más amplia: utilizar los tributos como instrumentos de reconstrucción.

La discusión tributaria ya ha comenzado en Venezuela. Se han planteado medidas fiscales de emergencia y propuestas para facilitar la recuperación de las actividades económicas afectadas. También se han formulado propuestas desde sectores vinculados a la construcción y al comercio para acelerar la reconstrucción y aliviar temporalmente determinadas cargas.

Es importante distinguir entre normas vigentes, medidas anunciadas y propuestas. Esa distinción debe mantenerse para que el debate público sea serio y verificable.

No solamente los contribuyentes deben conocer los tributos

Cuando hablamos de política tributaria, solemos pensar exclusivamente en el contribuyente formalmente inscrito ante la Administración Tributaria.

Pero los tributos nos conciernen a todos.

Cada vez que adquirimos un producto o pagamos un servicio gravado con IVA, participamos, de una u otra manera, en el sistema tributario.

Por eso, contribuyentes y no contribuyentes tenemos derecho a conocer cómo funciona ese sistema y, especialmente en una emergencia, cómo se utilizan los recursos públicos que de él provienen.

Queremos saber qué se recauda.

Queremos saber hacia dónde se destinan los recursos.

Queremos saber quiénes son los beneficiarios directos e indirectos.

Queremos saber qué medidas se han adoptado.

Y queremos poder comprobar sus resultados.

La transparencia no debería ser una concesión del Estado al ciudadano; debería formar parte de la relación de confianza que sustenta el deber de contribuir.

La Guaira: reconstruir mucho más que edificios

La situación de La Guaira merece una consideración particular.

Es un territorio costero cuya actividad económica involucra el comercio, los servicios, el turismo, la actividad portuaria y numerosas pequeñas y medianas actividades productivas.

Por eso, reconstruir La Guaira no significa únicamente reparar viviendas o infraestructura.

Significa también recuperar empleos, comercios, emprendimientos, inversiones, servicios y capacidad productiva.

Cuando una actividad económica desaparece, también disminuye la capacidad de una familia para sostenerse y, eventualmente, para cumplir con sus obligaciones.

Por eso el Derecho Tributario puede tener una función que vaya más allá de recaudar: puede contribuir a que esa actividad vuelva a ponerse en marcha.

¿Por qué no estudiar mecanismos tributarios temporales que incentiven la reconstrucción?

¿Por qué no facilitar, dentro del marco legal, la recuperación de pequeños comercios y actividades productivas directamente afectadas?

¿Por qué no estimular mediante instrumentos fiscales la producción y adquisición de bienes destinados efectivamente a la reconstrucción?

No se trata de «regalar» impuestos.

Se trata de utilizar inteligentemente las herramientas fiscales para recuperar la economía.

La información también reconstruye

Y aquí aparece un actor fundamental: los medios de comunicación.

Una medida tributaria puede estar correctamente diseñada, pero si el ciudadano no sabe que existe, no comprende sus requisitos o desconoce dónde solicitarla, su impacto será limitado.

Los medios pueden convertirse en el puente entre la norma y la ciudadanía.

Explicar. Traducir el lenguaje jurídico. Verificar. Preguntar. Contrastar. Informar sobre los requisitos, los plazos y las vías disponibles. Y también preguntar por los resultados.

Porque la información tributaria también puede ser una herramienta de reconstrucción.

En una emergencia, informar no significa únicamente contar lo que ocurrió. También significa ayudar a las personas a comprender qué derechos, obligaciones y mecanismos de protección tienen a su alcance.

Una nueva etapa para la Administración Tributaria

Los recientes cambios en la conducción de la Administración Tributaria ocurren, además, en un momento especialmente sensible para Venezuela.

No quisiera mirar ese cambio desde una perspectiva política, sino institucional.

Toda nueva etapa puede representar una oportunidad para revisar la relación entre la Administración y la ciudadanía.

Una relación que no debería construirse únicamente alrededor de la fiscalización y la recaudación, sino también alrededor de la información, la atención, la legalidad y la capacidad de responder ante circunstancias extraordinarias.

La pregunta, entonces, es inevitable:

¿Podemos aprovechar este momento para fortalecer una Administración Tributaria más cercana, más transparente y capaz de responder a las nuevas realidades económicas que ha dejado la tragedia?

Una propuesta: tributar para reconstruir

Tal vez Venezuela no necesite únicamente nuevas medidas.

Tal vez necesite organizar, perfeccionar, comunicar y evaluar las herramientas que ya existen, y crear aquellas que sean necesarias cuando el ordenamiento jurídico resulte insuficiente.

Propongo, desde esta reflexión, pensar en un Programa Tributario Extraordinario para la Reconstrucción, temporal, focalizado y transparente.

Un programa sustentado en cuatro pilares:

ALIVIAR, a quienes hayan sufrido una afectación económica comprobable.

INCENTIVAR, a quienes participen efectivamente en la recuperación productiva y la reconstrucción.

INFORMAR, para que las medidas tributarias lleguen realmente a quienes pueden beneficiarse de ellas.

CONTROLAR Y RENDIR CUENTAS, para que la sociedad pueda conocer el destino y los resultados de los recursos y beneficios otorgados.

No se trata de crear una puerta para la discrecionalidad.

Al contrario.

Se trata de establecer reglas claras, beneficiarios identificables, plazos definidos y mecanismos de seguimiento.

Porque una emergencia no debería significar ausencia de Derecho.

Debería significar que el Derecho encuentra mecanismos extraordinarios, pero siempre transparentes y sometidos a control, para proteger a quienes más lo necesitan.

La pregunta que queda después del terremoto

Los terremotos dejan escombros, pero también preguntas.

Preguntas que alcanzan a todas las profesiones, a todas las instituciones y también al Derecho Tributario.

¿Puede un sistema tributario contribuir a reconstruir una sociedad sin perder de vista a las personas que están detrás de cada obligación?

Creo que sí.

Pero para ello debemos dejar de mirar los tributos únicamente como una cifra de recaudación.

Debemos mirarlos también como una herramienta capaz de acompañar la recuperación económica de una sociedad golpeada.

Porque detrás del IVA que pagamos en una compra hay un ciudadano.

Detrás del impuesto que paga una empresa hay trabajadores.

Detrás de una obligación tributaria hay una actividad económica.

Y detrás de cada recurso público debería existir una finalidad social que pueda ser conocida y evaluada por todos.

La verdadera pregunta no es solamente cuánto puede recaudar el Estado en medio de una crisis.

La pregunta es cuánto puede hacer ese sistema tributario para que una familia vuelva a levantarse económicamente, para que un comercio vuelva a abrir sus puertas y para que una comunidad como La Guaira vuelva a producir, trabajar y vivir.

Reconstruir no significa únicamente levantar paredes.

También significa reconstruir la capacidad de una persona para volver a sostener su propia vida.

Los tributos adquieren verdadero sentido cuando regresan a la sociedad convertidos en protección, oportunidades, servicios y dignidad.

Porque tributar es contribuir a un país.
Y reconstruir también debería ser una responsabilidad compartida.


Por: Susana Rincón Melo

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