El abanico: 3.000 años de historia en la palma de una mano

Mujer con abanico morado decorado, luciendo un estilo moderno y elegante en un entorno al aire libre. Mujer de moda con gafas de sol y atuendo blanco sosteniendo un abanico morado en un día soleado. / Foto Pexels

Mucho antes de que existieran los ventiladores eléctricos y el aire acondicionado, las personas ya habían encontrado una manera sencilla de mover el aire: el abanico.

Y aunque hoy pueda parecer un objeto pequeño y cotidiano, su historia se extiende por al menos 3.000 años y atraviesa Egipto, Asia, Europa y América.

No existe un único inventor. El abanico apareció y evolucionó de distintas formas en varias culturas, pero algunas de las primeras representaciones conocidas se encuentran en el antiguo Egipto.

Los faraones ya tenían abanicos

En el templo de Ramsés III, que reinó entre 1186 y 1155 antes de Cristo, aparece representado un personaje conocido como “portador de abanico”, llevando un abanico ceremonial de mango largo adornado con plumas.

Otros de los ejemplares más famosos aparecieron en 1922, cuando Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón. Entre los objetos encontrados había varios abanicos, incluido uno conocido como el “Abanico Dorado”.

En aquella época, el abanico no era solamente una herramienta para combatir el calor. También servía para proporcionar sombra, espantar insectos y, sobre todo, funcionaba como símbolo de rango y poder.

El abanico que se podía doblar

La evolución más importante llegó con el abanico plegable, cuyo origen exacto continúa siendo objeto de debate.

Hay ejemplares y tradiciones asociadas con Japón, Corea y China. El Museo del Abanico de Greenwich sitúa ejemplos del abanico plegable tipo brisé desde alrededor del siglo VIII en Japón y señala que este tipo de pieza llegó posteriormente a Europa a través de las rutas comerciales neerlandesas y portuguesas con China.

El diseño tenía una ventaja enorme: podía abrirse para cubrir una superficie amplia y cerrarse hasta convertirse en un objeto pequeño que podía transportarse fácilmente.

Y eso ayudó a convertirlo en mucho más que una herramienta para refrescarse.

De Asia a Europa: el abanico se convierte en moda

Durante los siglos XVII y XVIII, los abanicos asiáticos y europeos se convirtieron en objetos de moda y lujo.

Francia llegó a ser uno de los principales centros europeos de producción, mientras que España, Italia, Inglaterra, Alemania y Holanda también desarrollaron una importante industria.

En España, el abanico terminó adquiriendo una identidad propia.

Y una de las localidades que más contribuyó a esa historia fue Aldaia, en Valencia.

La pequeña localidad española que se convirtió en capital del abanico

La fabricación de abanicos comenzó a consolidarse en Aldaia durante el siglo XIX. El Ayuntamiento documenta la existencia de 18 talleres en 1857 y 1860, mientras que en las primeras décadas del siglo XX la actividad creció hasta convertirse en uno de los principales motores artesanales de la localidad.

Pero el crecimiento fue mucho mayor.

En 1861, la provincia de Valencia tenía 84 talleres y fábricas de abanicos. Para 1881, la industria empleaba alrededor de 12.000 trabajadores.

A comienzos del siglo XX, la fabricación ya estaba altamente especializada.

En 1905 había 44 fábricas de varillaje y 34 fábricas de montaje de abanicos en Valencia.

Es decir, fabricar un abanico no significaba necesariamente que una sola persona o empresa hiciera todo el producto.

Había especialistas que cortaban y trabajaban las varillas, otros que montaban las piezas, otros que pintaban o decoraban el país del abanico y otros que realizaban acabados específicos.

¿De qué se hace un abanico?

La estructura tradicional puede parecer sencilla, pero fabricar un abanico artesanal requiere varios oficios.

Las varillas pueden elaborarse con madera, hueso, nácar u otros materiales, mientras que el país puede incorporar papel, seda, algodón y otros tejidos.

En los modelos más elaborados también aparecen pinturas, bordados, encajes, grabados y materiales decorativos.

En Aldaia todavía existen empresas especializadas en técnicas que han pasado de generación en generación.

La familia Blay, por ejemplo, mantiene la fabricación artesanal de varillajes de nácar y trabaja también con hueso y maderas nobles. La Cámara de Comercio de Valencia la identifica como la única fabricante de varillajes de nácar que queda actualmente en Europa.

Una industria que llegó a tener cientos de artesanos

La dimensión que alcanzó el oficio puede verse en un dato de mediados del siglo XX.

En la década de 1950, el gremio sindical de abaniqueros llegó a reunir alrededor de 300 asociados repartidos entre Valencia, Aldaia y municipios cercanos.

En 1966, Aldaia tenía 38 empresas relacionadas con la fabricación de abanicos: 21 dedicadas a varillajes, 12 a montaje y cuatro a pintura.

En 1979 todavía aparecían más de 30 fábricas de abanicos en los registros municipales de Aldaia.

Pero la industria comenzó a cambiar.

El enemigo llegó desde Asia

Durante el último tercio del siglo XX, la fabricación valenciana comenzó a sufrir la competencia de los abanicos asiáticos producidos en serie.

El golpe fue considerable.

Según la documentación histórica del Museo del Palmito de Aldaia, el número de talleres pasó de 41 en 1979 a 34 en 2000, 26 en 2015 y 16 en 2018.

La producción industrial de bajo costo cambió el mercado, pero no acabó con el abanico artesanal.

En España, Aldaia continúa siendo uno de los principales centros de fabricación tradicional.

¿Cuántos abanicos se fabrican hoy?

Aquí hay un dato curioso: no existe una estadística mundial fiable que permita decir cuántos abanicos se fabrican cada año.

El problema es que el producto aparece repartido en diferentes categorías comerciales y aduaneras, y las estadísticas mezclan distintos tipos de abanicos y productos similares.

Pero los números de fabricantes individuales permiten hacerse una idea de la diversidad del mercado.

Abanicos Andrés Pascual, una empresa familiar de Aldaia fundada en 1880, produce actualmente alrededor de 12.000 abanicos al año y vende en España, Italia, Francia, Suiza, Austria y Alemania.

En el extremo completamente artesanal, Abanicos Blay fabrica solamente entre cinco y seis abanicos de nácar al año, que pueden alcanzar entre 2.000 y 3.000 euros por pieza. También produce alrededor de 150 abanicos de madera anualmente, con precios superiores a los 100 euros.

La diferencia explica algo importante: hoy conviven dos mercados muy distintos bajo el mismo nombre.

Uno es el abanico industrial, producido en grandes cantidades y utilizado incluso como artículo promocional. Otro es el abanico artesanal, que puede requerir horas de trabajo especializado y convertirse en una pieza de colección.

De hecho, existen fabricantes que actualmente aceptan pedidos de 500 hasta 500.000 abanicos personalizados, una muestra de que el producto también funciona como artículo publicitario y de eventos.

De símbolo de poder a objeto cotidiano

El abanico también cambió de significado.

Durante siglos estuvo asociado con la aristocracia y la moda. Los modelos más elaborados podían incorporar materiales costosos y obras de artistas.

Con el tiempo pasó a formar parte de la vestimenta cotidiana y de distintas tradiciones culturales.

En España terminó especialmente vinculado con el flamenco, las fiestas populares y la cultura valenciana y andaluza.

Pero su función original nunca desapareció.

Y ahora vuelve a tener sentido

El calor extremo está devolviendo protagonismo a un objeto que parecía condenado a quedar como pieza decorativa.

En España, fabricantes y vendedores han reportado un renovado interés por los abanicos durante los episodios de altas temperaturas. La agencia Associated Press también ha documentado este verano el resurgimiento del abanico tradicional como herramienta para combatir el calor.

No necesita electricidad, cabe en un bolso y puede utilizarse en cualquier lugar.

Y aunque un abanico moderno esté a años luz de aquellos que acompañaban a los faraones, la idea sigue siendo exactamente la misma:

mover el aire para hacer más llevadero el calor.

Tres mil años después, seguimos haciendo lo mismo.

Con información de The Fan Museum, National Park Service, Ayuntamiento de Aldaia, Cámara de Comercio de Valencia y Associated Press.


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