Bioplásticos: la alternativa al plástico que los microbios pueden consumir

Primer plano de una botella de plástico azul arrugada entre hojas secas en el suelo. Primer plano de una botella de plástico azul arrugada entre hojas secas en el suelo. / Foto: Pexels

Un tenedor de plástico puede utilizarse durante unos minutos y permanecer en el ambiente durante décadas. Una nueva generación de bioplásticos busca cambiar esa historia mediante materiales que pueden ser consumidos por microorganismos y regresar al ciclo natural.

En un laboratorio de Massachusetts, investigadores de CJ Biomaterials trabajan con pequeños gránulos fabricados a partir de polímeros de origen vegetal. Con ellos producen tenedores, pajitas, vasos, láminas para envases y otros artículos que buscan ofrecer prestaciones similares a las del plástico convencional, pero con una diferencia fundamental: pueden biodegradarse bajo determinadas condiciones.

La tecnología utiliza polihidroxialcanoatos (PHA), una familia de polímeros que puede producirse mediante la fermentación de azúcares por microorganismos.

El resultado es un material que puede procesarse con equipos similares a los utilizados para fabricar plásticos convencionales y transformarse en distintos productos.

¿Cómo se fabrica un plástico a partir de azúcar?

El proceso comienza con una fuente de carbono, como el azúcar.

Los microorganismos utilizan ese material como alimento y producen PHA como reserva de energía. Posteriormente, el polímero se recupera, se purifica y se convierte en pequeños gránulos.

Esos gránulos pueden fundirse y moldearse para fabricar diferentes productos.

En el laboratorio de CJ Biomaterials en Woburn, Massachusetts, los investigadores han producido cubiertos, envases y películas flexibles para alimentos.

Algunos de los materiales también están diseñados para degradarse mediante compostaje doméstico. La empresa afirma que determinados productos de PHA pueden degradarse en suelo, agua dulce, ambientes marinos y sistemas de compostaje, dependiendo de su composición y de las condiciones disponibles.

La diferencia entre biobasado y biodegradable

Aquí existe una distinción importante.

Biobasado significa que un material procede total o parcialmente de recursos renovables, como plantas, azúcar o almidón.

Biodegradable, en cambio, significa que determinados microorganismos pueden descomponer el material mediante procesos naturales.

Un plástico puede ser biobasado sin ser biodegradable.

También puede ser biodegradable sin proceder completamente de una fuente vegetal.

Algunos materiales pueden cumplir ambas características, como determinados PHA.

Por eso, encontrar la palabra «bio» en un envase no significa necesariamente que pueda arrojarse a un contenedor de compostaje.

¿Qué ocurre cuando un PHA llega al compost?

Los microorganismos encuentran en estos materiales una fuente que pueden utilizar.

En las pruebas realizadas por la empresa, los microorganismos comenzaron a colonizar los productos y a degradarlos. Las pajitas utilizadas en los experimentos desaparecieron, mientras que un cuchillo mostró señales de deterioro en su superficie a medida que las bacterias empezaron a consumir el material.

La velocidad de degradación depende, sin embargo, del material y del entorno.

Temperatura, humedad, oxígeno y actividad microbiana pueden modificar considerablemente el proceso.

Por eso, compostable no significa que un producto vaya a desaparecer rápidamente en cualquier lugar donde sea abandonado.

¿Por qué interesa ahora tanto esta tecnología?

Uno de los principales motivos es el crecimiento de la preocupación por los microplásticos.

Los plásticos convencionales fabricados a partir de combustibles fósiles pueden fragmentarse progresivamente en partículas cada vez más pequeñas.

Los microplásticos ya han sido detectados en ecosistemas marinos y terrestres, en el aire, los alimentos y el agua. También se han encontrado partículas plásticas en distintos tejidos del organismo humano, aunque todavía se investiga cuáles son exactamente sus efectos sobre la salud.

Frente a este problema, los materiales biodegradables representan una de las alternativas que se estudian para determinados productos de corta duración.

Los bioplásticos todavía son una pequeña parte del mercado

A pesar del crecimiento de esta industria, los bioplásticos siguen representando una fracción pequeña de la producción mundial.

European Bioplastics estima que la capacidad global de producción de plásticos biobasados fue de aproximadamente 2,31 millones de toneladas en 2025, frente a unos 431 millones de toneladas de plástico producidas anualmente en el mundo.

Eso representa alrededor del 0,5 % del total.

Sin embargo, la organización proyecta que la capacidad de producción de plásticos biobasados alcance aproximadamente 4,69 millones de toneladas en 2030, más del doble de la capacidad registrada en 2025.

El principal mercado actualmente es el embalaje, que concentró alrededor del 41,3 % de la capacidad mundial de producción de bioplásticos biobasados en 2025.

No son una solución mágica

El desarrollo de estos materiales también genera preguntas.

Los bioplásticos suelen ser más costosos que los plásticos convencionales y no todos los países cuentan con sistemas de compostaje capaces de procesarlos.

Además, algunos productos pueden parecer idénticos a los plásticos tradicionales y terminar mezclados con ellos en los sistemas de reciclaje.

También existe un debate sobre el uso de cultivos agrícolas como materia prima para fabricar materiales cuando esos recursos podrían destinarse a la alimentación.

Por ello, organizaciones ambientales y especialistas plantean que los bioplásticos deben formar parte de una estrategia más amplia y no utilizarse como sustituto de la reducción del consumo de productos desechables.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), por ejemplo, considera que los plásticos de origen biológico pueden formar parte de un conjunto de soluciones, pero sostiene que también es necesario reducir la cantidad total de plástico producido.

¿Podrían reemplazar al plástico tradicional?

Todavía no.

Pero sí pueden convertirse en una alternativa interesante para determinados productos, especialmente aquellos que tienen una vida útil muy corta y son difíciles de reciclar porque terminan contaminados con restos de comida.

Envases, cubiertos, bolsas y otros artículos de un solo uso están entre las aplicaciones que actualmente se investigan y desarrollan.

La industria también trabaja para mejorar la resistencia, flexibilidad y estabilidad de estos materiales sin perder su capacidad de biodegradación.

El desafío será conseguir que estas alternativas puedan producirse a gran escala, a un precio competitivo y con sistemas adecuados para gestionar su final de vida.

Mientras tanto, aquellos pequeños gránulos que parecen simples piedritas representan una idea bastante poderosa: crear materiales capaces de cumplir su función durante unos minutos y, después, volver a entrar en el ciclo natural en lugar de permanecer durante décadas como residuos persistentes.

Con información de AP, European Bioplastics, CJ Biomaterials y WWF.


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