Las impresionantes imágenes de enormes muros de polvo que cubrieron esta semana la ciudad de Phoenix, en Arizona, volvieron a despertar la curiosidad sobre uno de los fenómenos meteorológicos más espectaculares del planeta. Aunque suelen confundirse, las tormentas de arena, los haboobs y el polvo del Sahara no son lo mismo, aunque todos comparten un elemento en común: el viento es capaz de transportar millones de toneladas de partículas a enormes distancias.
Comprender cómo se forman estos fenómenos permite entender por qué cada año el cielo de varios países de América adquiere un tono blanquecino o amarillento y por qué la calidad del aire puede cambiar incluso cuando no hay incendios o contaminación local.
¿Qué es una tormenta de arena?
Una tormenta de arena ocurre cuando vientos muy fuertes levantan grandes cantidades de arena, polvo y tierra seca desde la superficie, reduciendo considerablemente la visibilidad.
Son comunes en regiones desérticas o semiáridas como el Sahara, la península Arábiga, el oeste de Estados Unidos, Australia y parte de Asia Central.
Dependiendo de su intensidad, pueden durar desde algunos minutos hasta varias horas y afectar el tránsito terrestre y aéreo.
¿Qué es un haboob?
Los enormes muros de polvo registrados esta semana en Arizona pertenecen a un tipo especial de tormenta conocido como haboob, una palabra de origen árabe que significa «viento fuerte».
A diferencia de otras tormentas de arena, un haboob se forma por las corrientes descendentes generadas por tormentas eléctricas.
Cuando el aire frío cae rápidamente desde una nube de tormenta, golpea el suelo y empuja enormes cantidades de polvo hacia adelante, formando una pared que puede alcanzar cientos de metros de altura y extenderse durante decenas de kilómetros.
Investigadores de la Universidad Estatal de Arizona clasificaron las dos tormentas ocurridas en Phoenix como Categoría 5, el nivel más alto de severidad en la nueva escala desarrollada para medir estos fenómenos.
El polvo del Sahara no es una tormenta
Aunque muchas personas hablan de «la tormenta del Sahara», en realidad se trata de un fenómeno diferente.
Cada año, millones de toneladas de polvo muy fino se desprenden del desierto africano y ascienden a varios kilómetros de altura gracias al intenso calentamiento del suelo.
Posteriormente, los vientos alisios transportan esas partículas a través del océano Atlántico hasta llegar al Caribe, Centroamérica, Sudamérica e incluso algunas regiones de Norteamérica.
El recorrido puede superar los 8.000 kilómetros, uno de los viajes naturales de partículas más largos del planeta.
¿Por qué el polvo del Sahara llega a Venezuela?
Entre junio y agosto, aunque algunas temporadas se extienden hasta septiembre, las condiciones atmosféricas favorecen el desplazamiento de estas masas de aire cargadas de polvo hacia el Caribe.
Por esa razón, Venezuela suele registrar episodios en los que el cielo luce más opaco, disminuye la visibilidad y aumentan las partículas suspendidas en el aire.
Las concentraciones varían cada año según la intensidad de los vientos y las condiciones meteorológicas en África occidental.
¿Es perjudicial para la salud?
Para la mayoría de las personas sanas, el paso del polvo sahariano suele representar únicamente una disminución temporal de la calidad del aire.
Sin embargo, quienes padecen asma, alergias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o problemas respiratorios pueden experimentar irritación de las vías respiratorias, tos, molestias oculares o dificultad para respirar durante los episodios de mayor concentración.
Las autoridades sanitarias suelen recomendar limitar las actividades al aire libre cuando las concentraciones son elevadas.
Un fenómeno que también beneficia al planeta
Aunque a menudo se asocia con problemas respiratorios, el polvo del Sahara cumple un papel fundamental en el equilibrio ambiental.
Los científicos estiman que cada año salen del desierto cerca de 180 millones de toneladas de polvo, una parte de las cuales cruza el Atlántico.
Ese material contiene minerales como fósforo y hierro que ayudan a fertilizar la selva amazónica, compensando la pérdida natural de nutrientes causada por las lluvias tropicales.
Además, estos minerales también contribuyen al desarrollo de ecosistemas marinos y arrecifes de coral en distintas regiones del Caribe.
Un fenómeno que seguirá estudiándose
Las recientes tormentas de polvo registradas en Arizona también han reavivado el interés científico por conocer cómo el cambio climático podría influir en estos eventos.
Las sequías más prolongadas, el aumento de las temperaturas y la degradación de los suelos podrían favorecer condiciones para tormentas de polvo más intensas en algunas regiones del mundo.
Mientras tanto, tanto los haboobs como el polvo del Sahara continúan recordando que la atmósfera conecta continentes enteros y que un fenómeno originado en un desierto africano puede terminar influyendo en la calidad del aire a miles de kilómetros de distancia.
Con información de AP, NASA, Organización Meteorológica Mundial (OMM), NOAA y Universidad Estatal de Arizona.
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