¿Puede la nueva inversión energética ayudar a acabar con los apagones?

Transformador eléctrico en una línea de alta tensión, ilustrando la importancia de la inversión energética para reducir apagones. La recuperación de generación, transmisión y distribución será clave para que las nuevas inversiones energéticas se traduzcan en un servicio eléctrico más estable. / Foto: Pexels

Durante años, los apagones se convirtieron en una de las expresiones más visibles del deterioro de los servicios públicos en Venezuela. Ahora, mientras el país abre nuevamente su industria energética a empresas internacionales, una parte de las inversiones anunciadas apunta directamente al sistema eléctrico.

La apuesta tiene cifras concretas. Un acuerdo entre Venezuela y GE Vernova contempla recuperar 1.000 megavatios durante los primeros 24 meses y superar los 5.000 megavatios en cuatro años. El plan incluye trabajos relacionados con generación, transmisión y subestaciones, además de capacitación y transferencia tecnológica.

La magnitud del objetivo se entiende mejor al compararla con la situación actual. Venezuela tiene alrededor de 36.000 megavatios de capacidad instalada, pero en agosto el sistema disponía de unos 13.000 MW. La demanda, entretanto, llegó a superar los 15.700 MW.

La diferencia explica por qué recuperar capacidad puede ser relevante, aunque también muestra la dimensión del problema. El país tiene infraestructura instalada que necesita rehabilitación para volver a producir electricidad de manera confiable.

Recuperar lo que ya existe

La generación hidroeléctrica tendrá un papel central. Venezuela depende ampliamente del sistema del Bajo Caroní, mientras buena parte de su capacidad termoeléctrica permanece fuera de servicio. En agosto, Reuters reportó que cerca de 90% de la capacidad térmica estaba inoperativa.

En este frente también existe un acuerdo con IMPSA para rehabilitar las centrales de Macagua y Tocoma, en Bolívar. La primera fase contempla recuperar 432 MW en Tocoma y 240 MW en Macagua durante 24 meses.

Además, IMPSA prevé incorporar 160 MW al sistema durante los primeros 90 días mediante la puesta en servicio de dos unidades de Macagua.

Recuperar centrales existentes puede ser una vía más rápida para aumentar la oferta que construir nuevas plantas desde cero, aunque cada proyecto dependerá del estado de los equipos, las obras requeridas y la disponibilidad de recursos.

El petróleo también necesita electricidad

La recuperación eléctrica está vinculada directamente con la reapertura petrolera. Las nuevas operaciones necesitan electricidad para producir, procesar, bombear y transportar hidrocarburos.

El acuerdo con GE Vernova contempla proyectos que pueden contribuir al suministro requerido por las operaciones petroleras. Esto plantea un punto importante: parte de la capacidad recuperada podría ser absorbida por instalaciones industriales que hoy funcionan por debajo de su potencial.

Eso puede favorecer la recuperación económica, pero no significa automáticamente menos apagones para los hogares. El sistema necesita ampliar su capacidad disponible lo suficiente para atender simultáneamente la demanda residencial, comercial e industrial.

También existe una relación en sentido contrario. Una mayor producción petrolera podría generar más ingresos y recursos para financiar la recuperación de infraestructura, aunque eso dependerá de cómo se canalicen esas inversiones.

Generar más no garantiza tener más luz

La recuperación del sistema eléctrico también depende de la transmisión y la distribución.

Una central puede volver a generar electricidad, pero esa energía necesita viajar por líneas de alta tensión, pasar por subestaciones y llegar finalmente a las redes que abastecen a hogares y comercios. Si alguno de esos componentes continúa deteriorado, una parte de la nueva capacidad puede quedar limitada.

Por eso los acuerdos que incluyen transmisión y subestaciones son especialmente relevantes. El resultado no debería medirse únicamente por los megavatios anunciados, sino por la cantidad de energía que realmente pueda mantenerse disponible y llegar de forma estable a los usuarios.

Los plazos anunciados permitirán comprobar los primeros resultados. Los 160 MW previstos por IMPSA tienen un horizonte inicial de 90 días, mientras GE Vernova plantea recuperar 1.000 MW durante sus primeros 24 meses.

Para los venezolanos, la medida del éxito será mucho más sencilla que cualquier cifra petrolera: menos horas sin electricidad, menos interrupciones y mayor estabilidad del servicio.

Entonces, ¿puede la nueva inversión energética ayudar a acabar con los apagones?

Sí puede contribuir a reducir el déficit, pero todavía no permite asegurar que los apagones desaparecerán. Para que la inversión se traduzca en un cambio cotidiano será necesario recuperar generación, reparar las redes, fortalecer las subestaciones y mantener suficiente capacidad disponible para cubrir una demanda que también puede crecer con la recuperación económica.

La diferencia entre los anuncios y la vida cotidiana estará en los megavatios que efectivamente vuelvan al sistema y en cuánto tiempo puedan mantenerse operativos.


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