El Niño y La Niña: dos caras del clima que cambian el mundo

El Niño y La Niña: dos caras del clima que cambian el mundo El Niño y La Niña: dos caras del clima que cambian el mundo. / Foto: Ilustración PBN

El Niño y La Niña son las dos fases opuestas del fenómeno climático conocido como ENOS, capaz de modificar las temperaturas, las lluvias, los vientos y las condiciones de los océanos en distintas partes del planeta.

Aunque suelen mencionarse como fenómenos independientes, forman parte de un mismo ciclo natural. El Niño corresponde a la fase cálida, mientras que La Niña representa la fase fría. Entre ambos episodios existe una etapa neutral.

La diferencia comienza en el Pacífico ecuatorial.

Durante El Niño, las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se encuentran más cálidas de lo habitual. Los vientos alisios se debilitan y disminuye el ascenso de aguas frías desde las profundidades.

Durante La Niña ocurre prácticamente lo contrario. Los vientos alisios se fortalecen, empujan las aguas cálidas hacia el oeste y favorecen el ascenso de aguas más frías frente a Sudamérica.

¿Qué cambia en el planeta?

El efecto no es igual en todas partes.

El Niño suele favorecer condiciones más secas en Australia, Indonesia y algunas zonas del sur y sudeste de Asia. Al mismo tiempo, puede aumentar las precipitaciones en partes de Sudamérica, África oriental y el sur de Estados Unidos. También suele asociarse con una reducción de la actividad de huracanes en el Atlántico.

La Niña tiende a producir patrones opuestos en varias regiones. Indonesia y Australia pueden recibir más lluvias, mientras que algunas zonas del suroeste de Estados Unidos pueden experimentar condiciones más secas. En el Atlántico, además, suele favorecer una mayor actividad de huracanes.

Pero hay una advertencia importante: no existe un mapa universal de “lluvia con El Niño” y “sequía con La Niña”. Los efectos cambian según la intensidad del episodio, la estación y otros patrones climáticos que interactúan con el ENOS.

¿Por qué importa tanto?

Porque estos cambios pueden terminar afectando mucho más que el pronóstico del tiempo.

El ENOS puede influir sobre la agricultura, los recursos hídricos, la pesca, los ecosistemas, los incendios forestales y la economía. Una alteración de las lluvias puede modificar cosechas, mientras que los cambios en la temperatura del océano pueden afectar ecosistemas marinos y pesquerías.

También puede influir en los mercados. Cuando una región productora enfrenta sequía o exceso de lluvia, la producción de determinados alimentos puede disminuir y generar presión sobre las cadenas de suministro.

¿Cada cuánto aparecen?

El Niño y La Niña no tienen un calendario fijo.

La transición entre sus fases suele producirse aproximadamente cada dos a siete años, aunque los intervalos y la duración pueden variar considerablemente. Un episodio normalmente dura entre nueve y doce meses, pero algunos pueden prolongarse durante más tiempo.

Por lo general, ambos fenómenos comienzan a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzan su mayor intensidad entre noviembre y febrero.

¿Cuál es peor?

No existe una respuesta universal.

El Niño y La Niña generan riesgos diferentes según el lugar y el momento. Una condición que puede significar más lluvia para una región puede representar inundaciones, mientras que una reducción de las precipitaciones puede ser beneficiosa en una zona y provocar una grave sequía en otra.

Además, un episodio fuerte no garantiza exactamente los mismos efectos que otro ocurrido años atrás. La NOAA señala que las características de cada evento pueden variar por las condiciones del océano, la atmósfera y otros factores climáticos.

Por eso, más que pensar en El Niño y La Niña como fenómenos “buenos” o “malos”, los científicos los estudian como dos fases de un sistema climático capaz de reorganizar temporalmente los patrones meteorológicos del planeta.

Y entender esa diferencia ayuda a anticipar algo que sí afecta a todos: cómo el clima puede terminar influyendo en el agua, los alimentos, los ecosistemas y nuestra vida cotidiana.


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