La Tierra produce más basura que nunca

Vista aérea que muestra un horizonte urbano con chimeneas industriales emitiendo humo, bajo un cielo apagado. La Tierra produce más basura que nunca. / Foto: Pexels

Cada día, las ciudades del mundo producen millones de toneladas de residuos. Una parte se recicla, otra termina en vertederos y demasiada todavía queda sin gestionar.

El problema ya no es solamente cuánto consume la humanidad. También importa qué ocurre después con todo aquello que desecha.

El Banco Mundial calcula que el mundo generó 2.560 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos en 2022. Esa cifra ya superó lo que la edición anterior de su estudio esperaba para 2030.

Si no cambian las tendencias actuales, la generación podría alcanzar 3.860 millones de toneladas en 2050. Eso supone un aumento cercano al 50% en menos de tres décadas.

¿A dónde va toda esa basura?

La situación cambia mucho según el lugar.

En los países de bajos ingresos, apenas se recoge alrededor del 40% de los residuos. En África subsahariana, la cobertura puede caer hasta el 31%.

En cambio, los países de mayores ingresos tienen sistemas de recolección mucho más extendidos. Sin embargo, generan cantidades de residuos considerablemente mayores por habitante.

El Banco Mundial estima que los países de altos ingresos representan solo el 16% de la población mundial, pero generan alrededor del 34% de los residuos urbanos.

La desigualdad también aparece en la gestión.

A escala mundial, aproximadamente 23% de los residuos no se recoge y 33% termina en vertederos abiertos, según datos del Banco Mundial. En los países de bajos ingresos, alrededor del 93% de los residuos se gestiona de manera inadecuada.

Esto tiene consecuencias que van mucho más allá de la suciedad.

Los residuos abandonados pueden contaminar el suelo y el agua, bloquear drenajes, favorecer inundaciones y generar contaminación atmosférica cuando se queman.

Además, los residuos municipales son responsables de hasta 20% de las emisiones humanas de metano y alrededor del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según el Banco Mundial.

¿Qué países gestionan mejor sus residuos?

No existe un único ranking mundial de “países ecológicos”. Depende de qué se mida.

El Environmental Performance Index 2024 de Yale combina 58 indicadores ambientales. En su categoría específica de gestión de residuos, aparecen entre los primeros Singapur, Japón, Suecia, Taiwán, Países Bajos, Finlandia, Alemania, Suiza, Dinamarca y Reino Unido.

Si se observa específicamente la recuperación de materiales y energía mediante reciclaje, compostaje, digestión anaeróbica o valorización energética, Suiza, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Bélgica y Alemania obtienen las puntuaciones más altas del índice.

Eso no significa que esos países sean ambientalmente perfectos.

De hecho, el mismo índice muestra diferencias importantes entre categorías. Un país puede tener una gestión de residuos eficiente y, al mismo tiempo, presentar problemas en biodiversidad, emisiones o consumo de recursos.

Por eso resulta más útil hablar de desempeño ambiental que de países “buenos” o “malos” para el planeta.

En el EPI general de 2024, Estonia ocupa el primer lugar, seguida por Luxemburgo, Alemania, Finlandia y Reino Unido. En el extremo inferior aparecen Vietnam, Laos, Pakistán, Myanmar e India.

El aire cuenta otra historia

Si hablamos de contaminación, la basura es solamente una parte del problema.

La Organización Mundial de la Salud señala que en 2019 el 99% de la población mundial vivía en lugares donde no se cumplían sus recomendaciones de calidad del aire.

La contaminación ambiental exterior estuvo asociada con unos 4,2 millones de muertes prematuras ese año. Sumando contaminación exterior y doméstica, la cifra ronda los 6,7 millones de muertes anuales.

El problema tampoco está distribuido de manera uniforme.

La OMS calcula que aproximadamente 89% de las muertes prematuras asociadas con contaminación atmosférica exterior se producen en países de ingresos bajos y medios.

¿Y el cambio climático?

Aquí aparece una contradicción importante.

Las emisiones mundiales relacionadas con la energía alcanzaron un nuevo récord en 2024, con 37.800 millones de toneladas de CO₂. Aumentaron 0,8% durante ese año. La concentración atmosférica de CO₂ llegó a 422,5 partes por millón.

Pero al mismo tiempo hay señales claras de transformación.

En 2025, el crecimiento mundial de las emisiones energéticas se desaceleró hasta alrededor de 0,4%. La generación renovable prácticamente igualó a la generación mundial con carbón. Además, las tecnologías limpias instaladas desde 2019 evitaron unas 3.000 millones de toneladas de CO₂ durante 2025, según la Agencia Internacional de Energía.

La transición eléctrica también está avanzando.

En 2025, las renovables representaron alrededor del 34% de la generación eléctrica mundial, frente al 23% aproximadamente una década antes. La generación renovable creció 8,5% durante el año.

En 2024 ya se había producido otra señal importante: las renovables y la energía nuclear aportaron más del 80% del crecimiento de la generación eléctrica mundial.

¿Qué industrias contaminan más?

La respuesta depende de si medimos CO₂, gases de efecto invernadero, contaminación del aire, agua o uso de recursos.

Según el IPCC, en 2019 el sector energético representó alrededor del 34% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. La industria aportó 24%, agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra 22%, transporte 15% y edificios alrededor de 6%.

Si se asignan las emisiones de electricidad y calor a los sectores que utilizan esa energía, la participación de la industria sube hasta aproximadamente 34% y la de los edificios hasta 16%.

Dentro de la industria aparecen algunos gigantes difíciles de sustituir.

El IPCC identifica a metales, productos químicos y cemento entre las actividades industriales con una importante carga climática. En 2019, los metales representaban cerca de 7,8% de las emisiones mundiales, los químicos 6,3% y el cemento, considerando únicamente sus emisiones de proceso, 2,6%.

El transporte también pesa.

El transporte por carretera representó aproximadamente 69% de las emisiones del sector transporte en 2019. La aviación y el transporte marítimo internacional tienen una participación menor individualmente, pero sus emisiones son difíciles de reducir por la dependencia de combustibles líquidos.

Y hay otro gigante que suele quedar fuera de las conversaciones sobre contaminación: la extracción de recursos.

El PNUMA calcula que la extracción mundial de recursos naturales pasó de unos 30.000 millones de toneladas en 1970 a 106.000 millones en 2019.

El organismo estima que la extracción y el procesamiento de recursos generan más del 60% de las emisiones que calientan el planeta y alrededor del 40% de los impactos de la contaminación atmosférica relacionados con la salud.

El plástico es otro frente

La humanidad utilizó más de 500 millones de toneladas de plástico en 2024, según el PNUMA. Cerca de 400 millones de toneladas terminaron convirtiéndose rápidamente en residuos.

El problema es que producir plástico resulta mucho más fácil que recuperar sus materiales.

Los datos globales detallados más recientes de la OCDE muestran que, en 2019, solamente 9% de los residuos plásticos terminó reciclándose. Un 22% fue gestionado de forma inadecuada, mediante vertederos no controlados, quema abierta o filtración al ambiente. Ese año unos 22 millones de toneladas de plástico llegaron al ambiente.

Entonces, ¿estamos mejorando o empeorando?

Las dos cosas están ocurriendo al mismo tiempo.

Estamos generando más residuos y la concentración de CO₂ continúa aumentando. La contaminación atmosférica sigue representando una enorme carga sanitaria.

Pero también estamos instalando energías renovables a una velocidad récord, aumentando la generación eléctrica limpia y reduciendo la intensidad de emisiones de algunos sistemas.

La Agencia Internacional de Energía calcula que la expansión de solar, eólica, nuclear, vehículos eléctricos y bombas de calor evitó alrededor de 3.000 millones de toneladas de CO₂ en 2025.

La gran pregunta ya no es si existen tecnologías para reducir parte de la contaminación. Existen. El desafío está en desplegarlas mientras las ciudades producen cada vez más residuos, aumenta el consumo de materiales y millones de personas todavía carecen de sistemas básicos para recoger y tratar su basura.

El planeta no enfrenta un único problema ambiental. Enfrenta una cadena: extraemos recursos, producimos, consumimos, desechamos y, finalmente, pagamos las consecuencias de cómo hicimos cada paso.


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