Nueve escuelas de Estados Unidos comenzaron este año a utilizar un innovador sistema de drones no letales diseñado para responder a un posible tirador activo en apenas 15 segundos. La tecnología busca reducir el tiempo de reacción durante los primeros minutos de una emergencia, considerados los más críticos para salvar vidas.
La iniciativa nació tras la masacre ocurrida en Uvalde, Texas, en 2022, cuando murieron 19 estudiantes y dos docentes mientras las fuerzas del orden tardaban en intervenir.
Cómo funciona el sistema
Los drones, desarrollados por la empresa Mithril Defense, permanecen almacenados en estaciones de carga instaladas en los techos de los edificios escolares. Dependiendo del tamaño del campus, cada institución dispone de entre 30 y 60 aeronaves.
En caso de emergencia, los docentes pueden activarlas mediante una aplicación móvil o botones de pánico. Desde centros de control remotos, pilotos especializados —entre ellos exintegrantes de los Navy SEALs y equipos SWAT— toman el control de los dispositivos para localizar al atacante.
Además de cámaras, luces estroboscópicas y sirenas, los drones incorporan altavoces, micrófonos y gas pimienta. También pueden impactar al agresor para intentar detener su avance mientras llegan las fuerzas de seguridad.
Tecnología para ganar tiempo
Los impulsores del proyecto sostienen que los primeros dos minutos de un ataque suelen concentrar la mayor cantidad de víctimas. Por ello, la empresa desarrolla junto con la Universidad de Florida un estudio que comparará los tiempos de respuesta del sistema con los de las fuerzas policiales.
Hasta ahora, la tecnología no ha sido utilizada en un incidente real.
Un programa que sigue creciendo
Georgia aprobó USD 550.000 para instalar el sistema en cinco escuelas secundarias durante el ciclo escolar 2026-2027. Florida, por su parte, ya supera USD 1,1 millones de inversión pública en este programa, mientras que un colegio de Colorado decidió financiar la iniciativa con recursos propios.
Aunque algunos especialistas consideran que estas herramientas representan una nueva capa de protección, otros advierten que no sustituyen las políticas destinadas a prevenir la violencia armada en las escuelas.
El debate continúa abierto, pero el objetivo compartido es encontrar nuevas formas de proteger a estudiantes y docentes frente a una amenaza que sigue preocupando a la sociedad estadounidense.
Con información de The Washington Post y State Affairs.
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