Bajo nuestros pies existe una inmensa red invisible que ayuda a sostener la vida en el planeta.
Un equipo internacional de investigadores logró crear por primera vez un mapa global de una gigantesca red de hongos subterráneos considerada por los científicos como el “sistema circulatorio” de la Tierra.
Se trata de una infraestructura viva formada por hongos llamados micorrícicos, capaces de conectar raíces de plantas, transportar nutrientes y ayudar a mantener el equilibrio de ecosistemas completos.
Según el estudio, esta red tendría una extensión cercana a 110 billones de kilómetros, una cifra tan enorme que equivale a mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
Los hongos invisibles que ayudan al planeta
Aunque pasan desapercibidos, estos hongos cumplen funciones fundamentales.
Viven asociados a las raíces de las plantas y forman enormes conexiones subterráneas mediante diminutos filamentos llamados hifas.
A través de estas redes, las plantas intercambian agua, nutrientes y carbono, algo esencial para mantener la fertilidad del suelo y la salud de los ecosistemas.
Los científicos comparan este sistema con el cuerpo humano.
Así como las venas transportan sangre, estas redes naturales funcionan como autopistas biológicas que distribuyen recursos vitales bajo tierra.
También ayudan a combatir el cambio climático
La investigación, publicada en la revista Science, reveló además que estas redes subterráneas transportan alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al suelo cada año.
Esto representa aproximadamente el 11 % de las emisiones humanas relacionadas con el carbono.
El nuevo mapa también permitió identificar regiones especialmente importantes para esta red, como los Everglades en Florida, zonas de Sudán del Sur y la meseta tibetana.
Una red amenazada por la actividad humana
Los investigadores advirtieron que la agricultura intensiva está reduciendo considerablemente estas redes naturales.
En algunas zonas agrícolas, la densidad de estos hongos puede ser hasta un 50 % menor.
Para crear el primer mapa global, el equipo analizó más de 16.000 muestras de suelo utilizando inteligencia artificial, robótica y aprendizaje automático.
El hallazgo abre una nueva ventana para entender un mundo oculto que, aunque invisible, resulta esencial para la vida en la Tierra.
Con información de EFE y Science.
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