Revelan una urbe inca de 17.4 hectáreas y desentierran 3,000 lentejuelas de oro y plata

T’aqrachullo Vista panorámica de las estructuras de piedra de T'aqrachullo, la monumental urbe inca en Cusco que posee una extensión urbana de 17.4 hectáreas. /Foto: National Geographic

El sur andino peruano redescubre las verdaderas dimensiones de su pasado prehispánico gracias a los recientes hallazgos en la provincia de Espinar. El complejo arqueológico de T’aqrachullo, una imponente ciudadela edificada sobre una meseta en el cañón del río Apurímac, emerge tras años de estudio como uno de los hitos científicos más significativos de la arqueología andina. Este asentamiento, que la investigación internacional vincula con la mítica urbe perdida de Ancocagua, destaca por una escala territorial que desafía los mapas arqueológicos tradicionales de la región.

Un coloso de piedra que multiplica la escala de Machu Picchu

Los estudios técnicos liderados por especialistas del Ministerio de Cultura revelan que T’aqrachullo posee una extensión urbana aproximada de 17.4 hectáreas. Esta superficie supera con creces el espacio edificado de Machu Picchu, consolidando al sitio como un centro político y económico de primer orden. Las excavaciones desarrolladas de forma continua documentan cerca de 600 estructuras de piedra, entre las que destacan viviendas, santuarios, templos y espacios funerarios complejos.

Ubicada a unos 90 metros sobre el cauce fluvial, la densidad y la planificación de las construcciones confirman que no se trataba de una población secundaria. El diseño del asentamiento refleja una organización avanzada conectada de forma directa con la red vial del Camino Inca. Las investigaciones demuestran que este espacio funcionó como un eje de poder estratégico y ceremonial durante el apogeo del Tahuantinsuyo.

Las 3,000 piezas metálicas que reescriben el valor ceremonial

El punto de inflexión de la investigación científica ocurrió en septiembre de 2022 durante una campaña de excavación rutinaria. El equipo de arqueólogos descubrió bajo el suelo un depósito excepcional que albergaba casi 3,000 lentejuelas de oro, plata y cobre. Estos elementos metálicos, envueltos originalmente en cuero de camélido, datan de inicios del siglo XVI y formaron parte de los ornamentos ceremoniales de la más alta élite incaica.

El hallazgo de estos ornamentos metálicos modificó por completo el enfoque del proyecto arqueológico debido a su extrema rareza y magnífico estado de conservación. Las piezas arqueológicas aportan información invaluable sobre la vestimenta sagrada y las actividades de los practicantes religiosos en la zona. Este tesoro oculto demuestra la trascendencia espiritual de la ciudadela, donde se concentraban los cultos principales del área.

El camino hacia la conservación y el desarrollo local

El impacto de T’aqrachullo cobró relevancia global tras la reciente difusión de sus detalles estructurales en publicaciones internacionales de National Geographic. El proceso de exploración e investigación sistemática cobró un impulso definitivo a partir de los trabajos realizados por el Estado peruano. Los restos analizados representan solo una pequeña fracción de todo el potencial que resguarda este territorio milenario.

El renacimiento de la ciudadela abre una oportunidad histórica para el desarrollo y la identidad de las comunidades de Espinar. Aunque el lugar recibe visitas ocasionales de forma independiente, carece todavía de un circuito turístico formal y regulado. La apertura definitiva al público y su integración económica dependerán de los futuros planes estatales de planificación y conservación.

Con información de: La República


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